La Madre, un ángel en la Tierra

El neonato o recién nacido humano es uno de los cachorros más indefensos de todas las especies que habitan nuestro planeta. De no existir la madre biológica, en primera instancia, la nueva vida no tendría un vientre en el cual gestarse, no sólo físicamente, sino en una dimensión espiritual superior, puesto que la madre le brinda un nexo de sicoemocionalidad y sensibilidad que le informa  sensorialmente respecto del mundo al que llega.

 

Independientemente de la actitud emocional de la madre hacia su hijo, a partir del tercer mes, él comenzará a reconocer las percepciones y hábitos de la madre y a partir del cuarto mes llegará incluso, a reconocer su voz, reaccionanado con movimientos frente a sus emociones, sean posotivas o negativas…

 

La ternura infinita de este lazo entre ambos seres nos abre los ojos frente a la importancia de procurar al hijo todo el amor y la delicadeza, las instacias de armonía y de quietud necesarias para cultivar la fragilidad de una vida tan delicada como un pequeño capullo en flor…La madre se constituye, por lo mismo, en un verdadero ángel tutelar del bebé sobre la Tierra.

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No será solamente la matriz que lo gestará, ni el vientre que lo acogerá durante hermosas 42 semanas, no será por ello sólo una incubadora biológica, sino un ser que cultivará su espíritu desde el primer momento de fecundación, verdad que no debiera olvidar madre alguna. Más allá de ser madre biológica, ésta representa al ser que lo vinculará al mundo físico y le transmitirá una diversidad de enseñanzas de todo tipo, especialmente relacionado con el amor, la emotividad, la sensibilidad y todos los aspectos que dicen relación con la capacidad de sentir, amar, entregar, crear, recibir, gestar, aspectos propios de la sensibilidad femenina.

 

La madre es de inmediato reconocida por el aroma de su leche, según muchos especialistas. Mas, curiosamente, aún en circunstancias de ausencia de la misma, el bebé la reconoce por su olor, puesto que su sensibilidad está muy agudizada por haber comenzado, a partir de su alumbramiento, el aprendizaje de una conciencia aeróbica, en que tanto la respiración, como la percepción del olfato, serán referentes importantes para el ser del bebé. En este sentido, el aroma de su madre, así como el tono de su voz, representan misteriosos elementos que lo adaptarán a su nueva etapa de vida y crecimiento.

 

La madre puede ser sustituida en forma nutricia y bella por quien le entregue una crianza y formación, en caso de ausencia de la madre bilógica, mas, la primera conciencia unida al vientre de la madre formará las bases esenciales de la emotividad que marcará la personalidad del fututo adulto.

 

Aurora Cancino Bórquez

(Pedagoga y Naturópata Holística)

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